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domingo, 29 de mayo de 2011

El fin de una etapa

Estos días estoy leyendo Piensa, es gratis del publicitario Joaquín Lorente. "84 ideas prácticas para potenciar el talento", reza el subtítulo...



Y ha sido justo la idea 49 la que me ha llevado a escribir este post, para que todos aquellos que comparten conmigo el fin de una etapa y el comienzo de algo nuevo y desconocido se detengan a leer esto. Porque sé que estoy rodeada de grandes personas que llegarán muy muy lejos ... para todos ellos son estas líneas:

La universidad es un rompehielos. Los osos hay que salir a cazarlos.
"Son años de esfuerzo intelectual, de momentos de alta intensidad que se entremezclan con otros de alta distensión. Mientras va siguiendo el curso, en el rompehielos hay calefacción, buen ambiente y la comida y el alojamiento normalmente están asegurados.
Hasta que un día la nave llega a su destino final: el de tu graduación. Aquel día recibes tu título, que es la bisagra que cierra la puerta del recibir, todo este largo periodo íntimo de tu vida en el que no paraste de aprender, y te abre al nuevo espacio abierto, público y competitivo del dar, un cúmulo de largos años que irás sumando y acumulando hasta el jubiloso día de tu jubilación. La Universidad es el último caramelo que da la vida antes de descubrir los sabores ácidos.
Durante todos estos años, la Universidad ha tratado de llenar tu cerebro, pero se ha ocupado poco o nada de enseñarte a llenar tu cartera, como si la ciencia tuviera que darle la espalda a la conciencia.
Ahora ha llegado la hora en la que hay que descender por la escalerilla con tu título-fusil bajo el brazo, olfatear el ambiente, otear el espacio y empezar la caminata en busca de unos osos que, normalmente, no te están esperando.
Tus conocimientos van a ser tu arsenal de cazador, pero lo que va a determinar de forma importantísima tu fortuna va a ser tu habilidad para hacerte con el oso; aquella que tan sólo tú puedes intuir y desplegar disparando en el lugar adecuado y en el momento preciso. Para cazar necesitarás tener talento y hambre de cazador.
Es bueno-personalmente pienso que es necesario- que en los largos años de navegación universitaria bajes de vez en cuando de la nave y vivas en directo el sabor del frío y la dificultad de la caza. Las prácticas profesionales en una empresa o institución dedicada a tu futura actividad, cualquiera que sea el nivel y retribución al que puedas acceder, te van a servir para sumergirte en el clima y las situaciones reales que algún día tendrás que soportar. Es un buen método para envolver a la ciencia de conciencia".

@Nata297

jueves, 17 de marzo de 2011

Post extra: Contra la obediencia


Ya publiqué un post extra, El sentimiento negativo, después de leer el libro que lleva ese mismo título, de Risto Mejide. Sí, Risto. El toca-...... de OT. Ese Risto. Un Risto que escribe impresionantes declaraciones de amor. Y hoy quiero recordar ésta porque algo me dice que es importante que lo plasme aquí y ahora (versión masculina, claro, para que suene más a "te lo dedico"):

Deberías ser un derecho fundamental. Estar recogido en la Constitución. Obligado por decreto ley. Aprobado por minorías muy absolutas.
Deberías estar patentado. Registrado como propiedad intelectual, industrial, personal y emocional. Dejar en ridículo y evidencia tanta copia y falsificación.
Deberías estar protegido. Parque natural. Maravilla del mundo. Reserva de la biosfera. Patrimonio de tu Humanidad. A partir de cierta hora, deberías estar prohibido. Sólo para adúlteras. Sólo para ellas y para mis ojos. El menos apto para casi todas las mayores.
En el resto del territorio deberías prodigarte por entregas. Darte de poquito en poquito, perdona pero es lo que tiene ser tú. También deberías salir en las películas. En todas las previsibles. En todas las que necesiten un gran final. Y en las que vayan directamente a DVD.
Deberías figurar en los cuentos. Contra toda bruja mala, a por todo lobo feroz.
Deberías ser noticia. En todas las ediciones, justo después de los deportes, antes de cada temporal. Deberías estar en los sellos. Sólo en cartas de amor, de las que ya nadie escribe, de las que ya nadie quiere leer.
Deberías sonar todo el día, una canción con tu nombre. Una de esas que es casi imposible versionar sin caer en herejía o sacrilegio. Y hablando del tema, deberías tener tu lugar reservado sobre cada altar. [...] Deberías hacer tantas cosas.
Como, por ejemplo, volverte dinero. Tan fácil de perder, tan difícil de ganar. Y, a veces, volverte hostia, tan fácil de ganar, tan difícil de olvidar.
Deberías ser producto de gran consumo. Acompañado siempre de tu slogan. Ni se le ocurra salir sin él.
Ser camiseta. O mejor, ropa interior. Imagino que no hay que explicarte por qué. Deberías llegar a todos los quioscos. Entre chucherías muy dulces y revistas que se compran por los artículos de investigación.
Igualmente habría que colocarte en farmacias. Entre profilácticos con sabores y pastillas para la lumbalgia, dosis de dos, cuatro y seis carcajadas al día.
Deberías cobrar por suspiro. Plus de peligrosidad cada vez que hicieras suspirar. En cuanto al precio, no sé, deberías salir más caro que las putas de lujo, pero tampoco tanto como un político, no nos vayamos a engañar.
Deberías convertirte en trofeo. Y declararte desierto edición tras edición.
Salirte de todos los mapas. Crecerte en los circos de enanos. Poner a parir a todas las burras. Y a caer de un burro a las que aún no lo son.
Deberías embotellarte en frascos de perfume. Que hubiese que restregar mucho para sacarte de la botella. Y luego encima tuviesen que concederte los tres deseos a ti. Fabricarte a mano y a máquina. Estamos todos hartos de tanto frotar. Patrocinar las cajas de kleenex.
Poner a prueba el blanco de Ariel.
Y ya puestos, deberías mirar mejor con quién andas...[...]

viernes, 23 de octubre de 2009

Post extra: El sentimiento negativo





Contra las relaciones sentimentales. Pensión compleja. (En El sentimiento negativo, de Risto Mejide)


Antes que nada, perdona si huele un poco a cerrado, hacía mucho tiempo que nadie se alojaba aquí, y menos aún con la intención de quedarse.
Ábreme bien de puertas y ventanas. Que corra el aire, que entre tu luz, que pinten algo los colores, que a este azul se le suba el rojo, que hoy nos vamos a poner moraos.
Y hablando de ponerse, vete poniendo cómoda, que estás en tu casa. Yo, por mi parte, lo he dejado todo dispuesto para que no quieras mudarte ya más.
Puedes dejar tus cosas aquí, entre los años que te busqué y los que te pienso seguir encontrando. Los primeros están llenos de errores, los segundos, teñidos de ganas de no equivocarme otra vez.
El espacio es tan acogedor como me permite mi honestidad. Ni muy pequeño como para sentirse incómodo, ni demasiado grande como para meter mentiras. Mis recuerdos, los dejé todos esparcidos por ahí, en cajas de zapatos gastados y cansados de merodear por vidas ajenas. No pises aún, que está fregado con lágrimas recientes, y podrías resbalar. Yo te aviso.
El interruptor general de corriente está conectado a cada una de tus sonrisas. Intenta administrarlas bien y no reírte demasiado a carcajadas, no vayas a fundirlo de sopetón.
No sé si te lo había comentado antes, pero la estufa la pones tú.
Y hablando del tema, he intentado que la temperatura del agua siempre estuviera a tu gusto, pero si de vez en cuando notas un jarro de agua fría, eso es que se me ha ido la mano con el calentador. Sal y vuelve a entrar pasados unos minutos. Discúlpame si es la única solución, es lo que tenemos los de la vieja escuela, que a estas alturas ya no nos fabrican ni los recambios.
Tampoco acaba de funcionarme bien la lavadora. Hay cosas del pasado que necesitarán más de un lavado, es inevitable. Y hay cosas del futuro que, como es normal, se acabarán gastando de tanto lavarlas. La recomendación, ensuciarse a su ritmo y en su grado justo. Eso sí, no te preocupes por lo que pase con las sábanas, que las mías lo aguantan todo.
Para acabar, te he dejado un baño de princesa, una cama de bella durmiente, un sofá de puta de lujo y algo de pollo hecho en la nevera. Para que los disfrutes a tu gusto, eso sí, siempre que sigas reservando el derecho de admisión. Aquí no vienes a rendir cuentas, sino a rendirte tú. Aquí no vienes a competir con nadie, sino a compartirte a mí. Y lo de dar explicaciones déjalo para el señor Stevenson.
El resto, no sé, supongo que está todo por hacer. Encontrarás que sobra algún tabique emocional, que falta alguna neurona por amueblar y que echas de menos, sobre todo al principio, alguna reforma en fachada y estructura.
Dime que tienes toda la vida, y voy pidiendo presupuestos.
Dime que intentaremos toda una vida e iré encofrando mis nunca más.
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